Transformación digital+teoría de la cultura posdigital

Las empresas más expuestas a los cambios sociales, culturales, tecnológicos y/o digitales, como las tecnológicas o las vinculadas al sector creativo digital (marketing, datos, comunicación…) llevan unos años observando un cambio de etapa(s). En concreto, me refiero a una etapa marcada por la adopción casi completa, en la sociedad, del hecho digital. Por la continua emergencia de innovaciones tecnológicas que más o menos van cambiando los escenarios comunicativos y competitivos. Por la nueva ecología y economía de dispositivos de la información y su saturación.

Como ejemplo, hablamos de multicanalidad (usamos a ratos diversas plataformas sociales y de medios), multipantallas, colaboración, innovación abierta… Pero todo esto ¿cómo afecta a las organizaciones, incluyendo los negocios? En esta pieza quiero explorar y especular un poco qué ocurre cuando se juntan una transformación, o mutación sociocultural, que se da en el (usando jerga técnica) entorno general, con un proceso y tendencia en las organizaciones productivas de todo tipo (públicas, privadas…)

Recapitulando lo posdigital

Lo posdigital se define por la superación del fenómeno digital, o mejor dicho, por la superación de su introducción y novedad. Lo digital es sinónimo de cotidianidad. Lo cual se liga con cierto tedio, más que nada porque lo digital ya no tiene un halo de sorprendente, futurista, oportunidad salvaje…

El término posdigital viene del ámbito académico, desde Negroponte (1998) que ya auguraba que este tipo de fase sociocultural acabaría ocurriendo y se caracterizaría por su integración en la cultura occidental (posmoderna, de ahí el uso del prefijo “post”), hasta un Florien Cramer (2014) que en este artículo académico leíble daba cuenta de sus características, y en este anterior artículo traté de esbozar algunos más en forma de lista sencilla (recomendaría echarle una ojeada a alguno de los dos, o ideal ambos).

A grandes rasgos se caracteriza por la disolución del mito “In Real Life” (IRL) o “en la vida real”, entendiendo que lo que sucede en la pantalla y fuera de ella puede ser tan real, o tan falso, en una o en otra. Aun más, las fronteras de on y offline son cada vez más difusas, mediante procesos de digitalización, conexión de cosas en redes (IOT), o esa misma normalización de los medios y tecnologías digitales.

Para Cramer, especialmente en el ámbito artístico e intelectual (academia) donde el concepto se ha trabajado más (Transmediale, el festival, el gran referente expositor), lo posdigital además supone ir más allá de la mirada digital sobre el mundo: lo holístico vs la fragmentación en datos/dígitos, de no ver los medios “antiguos” o analógicos como obsoletos, sino como medios extra que conviven con lo digital (y es extensible con la tecnología) y que posibilitan a su vez híbridos.

Además, apela por disponer una mirada crítica sobre la tecnología, donde las tecnologías producidas y dispuestas por organizaciones con modelo económico corporativo (p.e. Facebook, Google…) inhiben algunas de las posibilidades y dinámicas sociales que en los inicios de Internet, en las comunidades Hacker y del DIY, se daban: de colaboración, cooperación, debate colectivo, compartir información (en realidad a esto se sumaría un puñado importante de otros factores como lo regulatorio)…

La tendencia a la oligopolización o monopolización de las tecnologías, medios, canales y empresas, o la tiranía del capital y el beneficio por encima del valor social, e incluso una mala praxis en la regulación de ciertos espacios digitales, parece haber sido contraintuitiva al sueño utópico que nos contaban desde los inicios de Internet hasta no hace poco más de 5 años: que todo el mundo tenía oportunidad de ser visible, que las etnias, géneros, edades y naciones dejarían de ser un motivo de conflicto, que todo el mundo podría hacerse rico, etcétera.

 

Lo confuso de la transformación digital

La transformación digital no trata tanto de una obligación de tener que transformar el negocio obligatoriamente en una ecommerce, o de ponerse hasta arriba de nuevas tecnologías. Se trata, resumiendo muy sucintamente, de una reformulación del modelo de negocio para adaptarlo o bien a oportunidades de negocio, o a otras prioridades. Esto implica reestructuraciones de la organización, la introducción de alguna que otra nueva tecnología en algún punto de la creación de valor o de la producción, y, sobre todo, de la cultura organizativa: prácticas, rutinas, formas de llevar la comunicación interna y de compartir información, de trabajar en equipo…

El término, en cierto modo, puede generar cierta confusión, puesto que en muchos entornos sociales lo digital no se relaciona de buenas a primeras con la cultura digital, y la información sobre esos cambios está muy dispersa (en parte por la naturaleza de los cambios en esta época que vivimos), sino que se relaciona exclusivamente con lo tecnológico. Aunque valga decirse que lo que antes explicaba, este momento que llaman “posdigital”, implica que hay cierta ruptura con esta mirada muy tecnodeterminista que ha inundado los medios (desde blogs hasta prensa general) en las últimas dos décadas.

Y seguirá abriéndose a base de dosis de realidad: de ahí que la mirada holística o el pensamiento de sistemas (system thinking) va teniendo buena acogida en la formulación de estrategias en los países anglosajones. Sólo hay que mirar la propuesta de consultores como Bud Caddell, o cómo agencias creativas formulan sus propuestas con una mirada más holística. Algunas consultoras españolas también se están expandiendo hacia estas direcciones, como podría ser el caso de Ideas for Change o de Rocasalvatella. O como, sin ir tan lejos de ejemplos excepcionales, podemos ver cómo las agencias de marketing están continuamente adaptándose a disponer estrategias a medida, multicanal, que van cambiando al ritmo de las regulaciones o los cambios de políticas y diseño de algoritmos de las plataformas de las que dependemos, así como al tedio y las tendencias de consumo de medios de los usuarios.

Todo esto, a su vez, daría para reflexionar también cómo impacta en las PyMEs, que podrían sacar inspiración quizá antes de los ecosistemas de plataforma y de economías alternativas basadas en tejer redes resilientes, que de mirar a las grandes empresas (no en todos los casos, debería darle un poco de vueltas a esto)

 

Cuando sumas una mutación cultural del entorno (posdigital) con un viraje estratégico y tendencia en las organizaciones (transformación digital)

Uno de los errores comunes cuando se piensa en la era digital es creer que la tecnología provoca cualquier cambio. Es la clave del desarrollo histórico, se cree incluso. A esto se le llama tecnodeterminismo y, más hoy en día que es agudo, genera una miopía crónica en tanto que se aleja de comprender el dinamismo de las transformaciones en sí. Es decir, al creer que controlando la tecnología controlas o modulas el entorno, los cambios se te escapan. Lo cual, eso sí, no significa que la tecnología entonces no haga nada: es un catalizador de transformaciones, y en tanto que el ser humano la diseña y crea, ésta también moldea al ser humano. Especialmente cataliza e impulsa cambios en una sociedad a la que le damos tanta importancia cultural y económica a su desarrollo.

Mientras discurría esta tendencia llamada transformación digital, en la que las organizaciones buscaban competir con otras o al menos sobrevivir, el proceso de aceleración tecnológica ha ido acompañada de una pisada al acelerador de los mercados y la economía global. Esto ha provocado mayor complejidad en el entorno, seguido de caos (perceptivo). Los cambios y las tendencias culturales se han dado paralelamente, y es ahí donde entra lo posdigital, donde el efecto de normalización de lo digital se ha sumado a una sedimentación de esas complejidades. Aquí hasta incluiríamos la emergencia en los márgenes de lo que luego se ha llamado economía(s) colaborativa(s) y la cultura FLOSS, que ha aportado nuevas formas de trabajar nativas al hecho digital. En conjunto, ahí tenemos lo posdigital que comentaba.

Es por ello (entre otros motivos) que los programas y profesionales de la transformación digital están incluyendo en sus programas y servicios vinculados con la innovación abierta y la innovación colaborativa (prácticamente suelen ser lo mismo, partiendo de la propuesta clásica de Chesbrough), con la economía colaborativa, con la “aplataformización”, o con, incluso, darle importancia al modelo social y de ecosistemas y no sólo al modelo económico.

Estamos en un momento en que, en lo organizativo y “competitivo”, discurren en paralelo diversos modelos de negocio, incluyendo los llamados abiertos, así como varias estrategias de nueva cuña donde la tecnología no es necesariamente la gran protagonista, junto a las estrategias competitivas de manual de ciencias empresariales de hace 30 años. Y todas aparentan ser válidas.

Estamos en un momento de explosión y de contingencias, o posibilidades de tendencias que podrían crecer, simultáneas. No es un impasse de andar por casa. Desde las economías colaborativas, hasta el Blockchain. Un momento en el que coincide la mutación del llamado capitalismo tardío con la emergencia de nuevos posibles modelos y sistemas económicos, desde un nuevo tipo de proteccionismo (a lo Trump), pasando por un modelo social y medio ambientalmente más estratégico

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