Foto original de Marc Olivier Jodoin

Ya llevamos medio mes de 2019 y nos da una extraña sensación de que ha pasado más tiempo, hace unos días comentábamos una colega y yo… Sea como sea, cualquier momento para revisar algunos aspectos estratégicos de tu proyecto, organización, o empresa siempre es bien, y encontrar momentos para hacerlo con alguna periodicidad es importante, más cuando todo cambia de una manera que ni entendemos. Los clásicos y básicos es posible que ya los hayas realizado (con tu equipo): revisar qué ha funcionado y qué no, situar los objetivos anuales y proyecciones mensuales, e incluso plantear algunos desafíos.

Antes de proseguir, quiero confesarte que voy a renunciar a hacer listas de tendencias para el 2019 al uso. Es un ejercicio un poco limitador.

¿Por qué? El proponer desde una voz sin vacilación, en forma de ‘predicción’, cuáles serán las tendencias que se supone lo deberían petar, nos hace caer en la asunción de que tendrán un peso enorme y vital, sin lugar a ninguna duda.

Eso es un poco peligroso. Muchas de las listas se fundamentan en extender cambios que durante el año previo han sido emergentes, y que podrían, o no, ir a un poco más. Es decir, es una apuesta sobre lo aparentemente seguro, pero no hay nada seguro. Solo se sabe que han estado creciendo.

Creo que es más valioso desde esta posición de blog hacer el ejercicio a la inversa. Preguntar (y responderte) cuáles son esos cambios que pasan más inadvertidos, que ya están en curso, y que además impulsan tendencias más pequeñas. Nadie, que no te engañen, nadie, ni siquiera los prospectivistas profesionales, saben a ciencia cierta decir cómo variarán exactamente a lo largo de un año.

¿Cuáles son esas ‘megatendencias’ que provocan la emergencia de otras pautas y tendencias de comportamiento? ¿O qué pueden frenar en seco algunas de esas tendencias que enuncian como infalibles?

Si me sigues desde el otro proyecto que llevo en paralelo, en Postfuturear, también quizás hayas visto que le doy y damos mucha importancia la pregunta de qué futuro preferimos, colectivamente. Cuál es más sostenible. Atrevernos a ir más allá de la idea limitante de que no hay otras alternativas.

A veces preferimos escuchar o saber de tendencias positivas, y nos dan un rollo de mala muerte saber de otras que nos hablan de un mundo no tan perfecto. Pero expandir nuestra percepción de la realidad y saber más de nuestro entorno, con actitud valiente, es lo que hará que nuestras estrategias sean más responsivas y responsables.

Pues estas son algunas de las sugerencias a trabajar especialmente para este 2019. No son tendencias glamurosas. Algunas pueden ser incómodas, o pueden parecer agobiantes, o incompatibles. Sea como sea, todo tiene solución poniéndole foco, ganas e ingenio.

Son cambios para algunas personas más desconocidos porque, o bien son tan lentos que rompen con el glamour de la velocidad de otras tendencias a la que estamos acostumbradas y no se comunican. O bien, nos parecen insignificantes aunque suene a paradoja.

O están vinculados con fuerzas no tan constructivas y nos  dan pavor, o no se les ve un potencial «de negocio». Preferimos ver aquellas que tienen una aplicabilidad de negocio de buenas a primeras. Aunque también, os he de confesar, a veces va de cómo se comunica.

Son fuerzas con tanto recorrido y potencia que es un poco más difícil que se desvíen, pero podrían desviarse, mutar, o crecer. Esto no va de una predicción de las tendencias 2019, sino de cosas que ahora podemos comenzar a trabajar.

También verás un ejercicio sencillito al final. Prepara tu libreta, post-its o A3, lo que te venga mejor

¡Agárrate que esto es un poco largo con mucha chicha!

 

Cambios que no son tan visibles

Una vez dijo William Gibson en una entrevista, en 2003, «El futuro ya está aquí, lo que no uniformemente distribuido».

La frase se ha extraído del contexto en muchas ocasiones, y recortado a gusto. A lo que se refería es que aquellos cambios que asociamos con la transformación y el futuro, en general, las tendencias, nunca se distribuyen ni se perciben por igual en todo el mundo. No vivimos en el Age of Empires donde todo cambia a una nueva era de golpe.

E incluso en cada país, no se distribuye por igual. Siempre habrán grupos sociales y áreas, sectores, que adoptarán nuevas tecnologías, hábitos, innovaciones sociales antes que otros.

Esta es una selección de 7 megatendencias, o cambios no tan glamurosos y algo más desapercibidos, para tenerlos en mente a partir de ya. ¡Están ocurriendo!

 

Privacidad, ¿qué hay de nuevo?

En 2013 se considera que se inició una paulatina transformación tanto en la percepción como en los comportamientos asociados, a partir de las declaraciones de Snowden sobre el funcionamiento de las grandes plataformas digitales y el control mediante el algoritmo. Poco a poco, ya no vemos las ya no nuevas tecnologías como puentes a una nueva utopía futurista, sino como herramientas cotidianas, e incluso oscuras. Black Mirror es el paradigma de esta percepción.

La privacidad originalmente se había entendido desde la perspectiva pre-digital: el derecho a tener un espacio de intimidad y aislamiento respecto al mundo y lo público, y respecto a otras personas del entorno menos cercano.

Ya no es sinónimo solo de intimidad. Ahora también se refiere derecho a no ser controlado por algoritmos. Derecho a saber cuando estás generando datos, quién los obtiene y para qué. El derecho al olvido está siendo incorporado, por ejemplo, en cada vez más códigos. Apple está usando como valor de reposicionamiento frente a otras marcas tecnológicas la protección de la privacidad del usuario (sobre todo de la intimidad).

También los escándalos de Facebook son destapes de sus políticas. La última, la duda fundada en que el #10yearschallenge es una iniciativa envelada de Facebook para entrenar algoritmos e IAs de reconocimiento facial. Que aparezcan estas dudas hace validar más que estamos más conscienciadas y preocupadas

 

Tensiones de género

Que el feminismo ha crecido para quedarse no es ninguna novedad. Que los machistas están más nerviosos en las redes, y que hay una batalla de posicionamiento de creencias, tampoco es tan novedad. Pero si conseguimos hacer zoom out, forma parte de algo aun más grande en curso.

Paralelamente al feminismo que conocemos, hay otras batallas hermanas y primas que no nos suenen tanto: los feminismos de clase (que buscan también introducir en el debate cómo el machismo afecta más o menos según tu posición social y económica, o étnica), el transfeminismo (incluir a mujeres que lo son por construcción de su identidad y no por unos genitales dados) o los movimientos queer y de género (ir más allá del binarismo mujer-hombre, e incluso de la noción de un tercero como podrían ser las intersexuales, o las personas en transición larga), también están ganando masa crítica y espacio visible. Para muestra, el espacio que está ganando un programa de entretenimiento y pedagogía como RuPaul Drag Race, que este año cumple ya 10 temporadas y años en antena.

La gran imagen que aquí nos importa es que a la par que se están trastocando los cimientos de un pilar de orden social tan importante como ha sido el género y sus roles durante décadas, o siglos, le añade una capa de complejidad más al mundo.

Y aquí es donde entra el reaccionarismo. Gente que ve su mundo desmoronado. Ya sea porque pierden poder (por ser hombres, o por cualquier otro factor), ya sea porque su futuro es totalmente oscuro. Y es más preferible para ellos intentar volver a lo que consideraban «normal». Su idea(l) de normalidad, que no necesariamente corresponde a lo que era normal hace 10 o 20 años, sino a la visión del mundo que sus padres y abuelos o su entorno de amigos y autoridades que siguen les han inspirado.

Mientras siga creciendo el volumen de protestas, de acciones y de espacios para reclamar un poder más distribuido, seguirá creciendo la reacción a esto

 

Hello Incertidumbre, my old friend

Vivimos en tiempos que podemos definir como volátiles, indefinidos y vastos, llenos de contradicciones, ambigüedades y simultaneidades, de complejidad por la cantidad de sistemas de cosas, personas y entidades naturales (como las que hay tras el cambio climático) interconectadas entre sí…

Esto implica que tratar de predecir, o aseverar que en este u otro año pasará con seguridad una o varias cosas, es puro humo. Y que seguramente no sabemos todo lo que está ocurriendo.

Ahora mismo, las formas de responder a esto es con organizaciones ágiles, que puedan responder y anticiparse, estirarse o tomar una forma un poco distinta con soltura. No necesariamente debe ir de «contratar y despedir más gente». Otras estrategias van de cómo se trabaja por proyectos, cómo se gestiona el conocimiento y se comunican las cosas importantes, o se toman decisiones de manera más distribuidas.

 

Las organizaciones responsivas

Por lo anterior, estamos viendo que las organizaciones, grandes o pequeñas, están incorporando nuevas estrategias, o adaptaciones.

Se ha hablado de la soltura de los freelance (aunque, en verdad, limitada, porque dependen bastante de la oferta de trabajo y sus recursos sociales no tan grandes como los de otro tipo de organizaciones). También de nuevas formas de organización como la holocracia. O de organizaciones abiertas de micropimes+cooperación de freelance. Cooperativas digitalizadas. Y otras tantas formas.

Las grandes corporaciones han hallado otras fórmulas, resistiéndose a aligerar sus protocolos y burocracias internas. La compra y adquisición de startups, el lobbying bajo nuevas formas un poco más «colaborativas» y la innovación abierta han sido algunas de esas respuestas

Y en común, nuevas formas internas de trabajar los proyectos en ciclos más cortos y colaborativos, o por equipos en lugar de departamentos se están adaptando incluso a escala pequeña.

 

La comunicación de redes en plena transformación

Aunque ya me expandí un poco más en este otro artículo, estamos viendo cómo dejamos de usar las redes sociales al uso, y preferimos en su lugar rodearnos en grupos de Whatsapp, Telegram y combinaciones offline con gente más afín, en círculos ya no tan grandes. Aunque en ocasiones puede derivar en «cámaras de eco» más fuertes y herméticas, ojo.

¿Has oído hablar del paso de los influencers a los «microinfluencers» y los «nano-influencers»? Detrás de esas ideas para plantear la comunicación de marca nada desencaminadas, está este cambio más profundo con otras derivaciones.

 

De Internet a los Splinternets

Hemos estado bastante ajenas a unas transformaciones profundas que parecían batallitas de activistas de la red, solamente.

Nos vendieron que Internet era una red de redes, de comunicación y expresión libre, y muy democratizador. En los últimos años, la respuesta de las grandes corporaciones ha sido promover la regulación de leyes y normas, en nombre de los autores, para limitar muchísimo la difusión de remixes y memes a la par que de pirateos con otras intenciones. También algunos gobiernos han colaborado con redes sociales, si es que no las han cohibido, para poner filtros de censura a ciertas palabras clave. China es seguramente el ejemplo que nos puede venir a la cabeza más rápido, pero lo mismo no hay que irse tan lejos.

Hay más cambios en curso que han sido velados o nos han parecido complicados. El hecho es que por ahora hay fuerzas que implican que Internet se divida en muchas redes. En este artículo lo explican más detenidamente. Aquí me gustaría hacerte preguntas ¿qué implicaría en tu negocio, o tu proyecto, ya no tener solo varias plataformas, sino varias redes o canales totalmente separados, donde hubieran trocitos de tu público ideal en cada una de ellas? ¿Qué supone esto para un mundo ahora globalizado?

 

Algo un poquito más positivo: la concienciación sobre el cambio climático

El cambio climático no es una buena noticia, es obvio, pero la concienciación (a base de golpes de realidad) está creciendo. Se está regulando el uso del plástico. Nos preocupa más y comenzamos a reflexionar sobre cómo consumimos (por ejemplo, el minimalismo habla de eso), o cómo nuestros proyectos impactan.

Ahora las formas de protesta también se están sofisticando, como es el caso del movimiento «Extinction Rebellion«, y nos comenzamos a mirar cómo los partidos políticos proponen encarar algo tan importante en tantísimos niveles de nuestra vida.

 

Un ejercicio para trabajar todo esto

Un ejercicio simple que ahora recomiendo es no dejarse llevar por la pesadumbre, por el mal rollo que algunas de estas megatendencias nos puede desencadenar. Créeme, he estado ahí. Varias veces. Gajes del oficio.

Pero lo que sí podemos comenzar es preguntarnos, y responder en modo lluvia de ideas, este tipo de preguntas

  • Cómo impacta esto a mi entorno (clientes/público, seguidores y colaboradores, proveedores, partners…) en su comportamiento, sus expectativas, e incluso en sus vidas y día a día
  • Qué podemos hacer para no solo adaptarnos, sino ser más fuertes que el embiste que pueden dar tarde o temprano en forma de tendencias más pequeñas
  • Qué podemos hacer para, además, ayudar a potenciar sus partes buenas, y frenar desde nuestra pequeñita contribución, a que vayan a peor
  • Cómo impactarían las ideas que han salido de estas preguntas en mi o nuestra forma de trabajar, en pensar en mejorar o crear nuevos servicios y productos, en cómo nos comunicamos, o en nuestra cultura

 

Como dice un colega, el único futuro imposible es aquel en el que nada cambia. Y todo está por ser pensado (aunque sea con ideas viejas) e impulsado. ¿Tú, cómo quieres prepararte para este 2019? ¿Qué ideas te gustaría compartir?

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